William Dalrymple reconstruye en esta obra la primera invasión británica de Afganistán (1839-1842), un episodio que combina rigor documental con una narrativa ágil. El libro destaca por su nivel de detalle: recupera nombres de los principales protagonistas, tanto británicos como afganos, y dedica especial atención a la gesta del 44º regimiento de infantería, ofreciendo anécdotas que humanizan un relato que de otro modo podría quedar reducido a la mera crónica militar.
El libro narra cómo Gran Bretaña, temerosa de la influencia rusa en Asia Central dentro del llamado «Gran Juego», invade Afganistán para derrocar al emir Dost Mohammad Khan y reinstaurar en el trono a Shah Shuja, antiguo gobernante depuesto décadas atrás. Tras la ocupación de Kabul, la gestión política queda en manos del envoy británico William Hay Macnaghten y de su ayudante Alexander Burnes, mientras que el mando militar recae en el general William Elphinstone, ya entonces anciano y enfermo. La combinación de decisiones diplomáticas erráticas, recortes en los pagos a los jefes tribales y una dirección militar indecisa desemboca en un levantamiento popular en noviembre de 1841, en el que Macnaghten es asesinado. La retirada de las tropas británicas hacia Jalalabad en enero de 1842, dirigida por Elphinstone, se convierte en una masacre casi total a manos de las fuerzas afganas lideradas por Akbar Khan, hijo de Dost Mohammad. El relato se cierra con el regreso al poder de Dost Mohammad y con un Shah Shuja que, pese a quedar retratado por Dalrymple como un gobernante más capaz de lo que la historiografía británica reconoció, termina siendo la principal víctima política del desastre.
Uno de los ejes más señalados por los lectores es la crítica implícita a la cadena de mando británica: una sucesión de decisiones erráticas y de mandos incapaces de leer correctamente el terreno político y social en el que operaban, lo que condujo a un desenlace catastrófico para las tropas desplegadas. Dalrymple no se limita a narrar los hechos, sino que deja entrever cómo la incompetencia de ciertos oficiales fue determinante en el desastre.
El otro gran acierto de la obra es su lectura del tejido social afgano: clanes, tribus y familias históricamente enfrentados entre sí, capaces sin embargo de unirse frente a un agente externo, con lealtades que resultan tan volátiles como el dinero que las sostiene. Esta dinámica, señalan varios lectores, no es exclusiva del siglo XIX: el libro traza un paralelismo explícito con la invasión de 2001, sugiriendo que las potencias occidentales repitieron errores de comprensión cultural y política ya cometidos décadas atrás.
Como principales limitaciones se apunta, de forma recurrente, la escasez y pobreza del material cartográfico: los mapas son pocos y poco detallados, lo cual dificulta seguir los desplazamientos y la geografía del conflicto. A esto se suma la complejidad de la onomástica afgana —multitud de nombres, tribus y líderes— que en ocasiones obliga a retroceder en la lectura para no perder el hilo de quién es quién. El libro incluye, como contrapunto, ilustraciones y pinturas de época que ayudan a situar visualmente el contexto y a los personajes.
En conjunto, la obra es valorada como completa, amena y muy documentada, y se considera una vía adecuada para comprender tanto la historia de la primera guerra angloafgana como la dificultad estructural de cualquier intento de someter a Afganistán y a su población.
Editorial Desperta Ferro Ediciones
Edición 1ª ed(01/06/2021)
Páginas 560
ISBN 9788412323900
ISBN-10 8412323904



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