Hay historias que no deberían necesitar un libro para ser conocidas, y sin embargo aquí estamos. La figura de Ángel Sanz Briz, diplomático español que salvó más de cinco mil judíos en la Budapest de 1944, llevaba décadas enterrada bajo la indiferencia y bajo una cierta incomodidad colectiva con todo lo que huela a franquismo. El libro la rescata con buen pulso narrativo y documentación solvente, y resulta especialmente disfrutable para quien conoce Budapest y puede pasear mentalmente por sus calles mientras lee.
Lo que más sorprende —gratamente— es la claridad con la que se explica la telaraña diplomática de la época: cómo se movían los países neutrales, cómo se negociaba en los márgenes del horror, qué margen de maniobra tenía realmente alguien como Sanz Briz. Y entre esas maniobras hay una que resulta casi increíble: Madrid le había autorizado a emitir exactamente 200 pasaportes. Sanz Briz los convirtió en miles añadiendo letras a cada número —198-A, 198-B, 198-C…— con la única precaución de no superar nunca el 200. Una trampa burocrática para salvar vidas, tendida dentro de la misma burocracia que las condenaba. Llegó incluso a acoger a 60 judíos en su propia casa mientras gestionaba el resto.
Dicho esto, el texto tiene sus roces. La posición del régimen franquista ante la persecución judía aparece tratada con una ambigüedad que a veces desconcierta: hay momentos en que parece que se le están poniendo paños calientes a la dictadura, aunque es posible que sea una impresión más que una intención. Y en algunos tramos la acumulación de información lastra el ritmo y hace perder de vista al personaje, que es quien de verdad engancha.
Es una lástima también que figuras como la del diplomático Julio Palacios en Sofía, que hizo algo muy similar, queden en el olvido. El fenómeno fue más amplio de lo que solemos creer, y reconocerlo no le restaría mérito a Sanz Briz, sino todo lo contrario.
Pero al final el libro cumple lo que promete: recuperar a un hombre que arriesgó su carrera y su vida por gente a la que no debía nada, en nombre de ninguna ideología sino de su propia conciencia. El propio Sanz Briz lo confesó años después en una carta: la decisión de meter gente en los locales de la Legación fue iniciativa suya, sin permiso previo de Madrid. Que Israel le honrara antes que su propio país dice bastante. Vale la pena leerlo.
Editorial B
Edición 1ª ed. (15/10/2016)
Páginas 288
Dimensiones 23,0 x 15,0 cm
Idioma Español
ISBN 9788466660273
ISBN-10 8466660275



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