José Luis Martín Ramos es un historiador español especializado en historia contemporánea, particularmente en movimientos obreros, revoluciones y conflictos del siglo XX. Profesor en la Universidad de Barcelona, ha dedicado gran parte de su carrera académica al estudio de los procesos revolucionarios y las transformaciones políticas en Europa y Asia durante la segunda mitad del siglo pasado.
El libro aborda un tema crucial para entender el presente: los orígenes del yihadismo contemporáneo. Afganistán se convirtió en el laboratorio donde se gestaron muchas de las dinámicas que hoy dominan el panorama geopolítico global. Sin comprender qué sucedió en ese país entre 1978 y los años noventa, es imposible entender fenómenos como Al-Qaeda, los talibanes o el Estado Islámico. Martín Ramos nos ofrece las claves históricas para desentrañar cómo una revolución socialista acabó transformándose en el caldo de cultivo del fundamentalismo islámico más radical, un legado que seguimos padeciendo décadas después.
La parte más valiosa del libro es su recorrido por la historia afgana previa a 1978. Martín Ramos nos muestra un Afganistán complejo, atravesado por tensiones tribales, étnicas y religiosas, pero también por intentos de modernización que se remontan a principios del siglo XX. El golpe de estado de 1973 que derrocó a la monarquía, liderado por Mohammed Daud Khan, preparó el terreno para la revolución comunista de abril de 1978. El autor analiza hábilmente las luchas internas del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), dividido entre las facciones Khalq y Parcham, y cómo sus políticas radicales —reforma agraria, alfabetización forzosa, laicización— chocaron con una sociedad profundamente tradicional y tribal. Especialmente revelador resulta el análisis del conflicto entre Nur Muhammad Taraki y Hafizullah Amin, dos líderes de la facción Khalq cuya rivalidad acabaría siendo mortal. Taraki, el ideólogo poético del comunismo afgano, fue finalmente asesinado por orden de Amin en septiembre de 1979, un hombre cuya radicalidad extrema y sus torpes intentos de aproximación a Estados Unidos alarmó incluso a Moscú. La purga de Taraki y el reinado del terror de Amin precipitaron la intervención soviética apenas tres meses después, cuando la URSS decidió que necesitaba un líder más manejable en Kabul.
El análisis de la guerra civil y la intervención soviética de diciembre de 1979 es detallado y equilibrado. Martín Ramos explica convincentemente cómo la URSS se vio arrastrada a un conflicto que no deseaba pero del que no pudo escapar, atrapada entre apoyar a un régimen comunista inestable o permitir su colapso en plena Guerra Fría. La resistencia muyahidín, fragmentada en múltiples grupos con agendas a menudo contradictorias, recibe atención cuidadosa, mostrando que nunca fue un movimiento unificado sino una coalición de conveniencia contra el invasor soviético. El libro documenta la brutalidad del conflicto, las tácticas de tierra quemada soviéticas y el inmenso coste humano para la población civil afgana.
La narración llega hasta la retirada soviética en 1989 y los últimos estertores del régimen de Najibullah, que resistió sorprendentemente hasta 1992. Martín Ramos muestra cómo el fin de la Guerra Fría dejó a Afganistán huérfano y abandonado a su suerte por las mismas potencias que habían alimentado el conflicto durante una década. Sin embargo, es precisamente aquí donde el libro empieza a mostrar sus limitaciones más evidentes.
La crítica más importante que puede hacerse a este trabajo es su escasa cobertura de los acontecimientos posteriores a la retirada soviética. Los años noventa, cuando los muyahidines se destrozaron entre sí en una salvaje guerra civil, el surgimiento de los talibanes en 1994, y la consolidación de Afganistán como santuario del terrorismo internacional apenas reciben atención. Para un libro que promete explicar «la última revolución del siglo XX», resulta frustrante que termine justo cuando empiezan a manifestarse las consecuencias más duraderas de ese proceso revolucionario. Es como si la historia afgana terminara con la bandera roja arriada del Palacio de Darulaman, cuando en realidad estaba entrando en su fase más oscura.
Igualmente problemática es la superficialidad con que se trata el papel de Occidente (especialmente Estados Unidos, Pakistán y Arabia Saudí) en la creación y financiación de la resistencia muyahidín. Martín Ramos menciona la Operación Ciclón de la CIA, pero no profundiza en cómo miles de millones de dólares y armamento sofisticado fluyeron hacia grupos fundamentalistas que más tarde se volverían contra sus benefactores. La responsabilidad occidental en la radicalización del conflicto, en la promoción de las interpretaciones más extremas del Islam como herramienta antisoviética, y en la creación de las redes que darían lugar a Al-Qaeda queda difuminada. Para un lector que busca entender los orígenes del yihadismo global, esta omisión es especialmente decepcionante. El libro nos deja con la impresión de que la revolución afgana fue principalmente un asunto soviético-afgano, cuando en realidad fue un tablero de ajedrez donde se jugaron partidas que todavía condicionan nuestro presente.
Editorial Ediciones de Intervención Cultural
Edición 1ª ed. (21/09/2023)
Páginas 244
Idioma Español
ISBN 9788419778192
ISBN-10 8419778192



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