«Los hombres de Putin: Cómo el KGB se apoderó de Rusia y se enfrentó a occidente» de Catherine Belton, no sólo ofrece una visión profunda de la Rusia moderna, sino que además revela un intrincado laberinto de poder y ambiciones personales que han modelado el destino de Rusia desde la caída de la URSS.
En la era post-soviética, Rusia ha experimentado una serie de transformaciones monumentales en todos los aspectos de su sociedad. Desde la política hasta la economía, pasando por la cultura y la identidad nacional, todo ha sido sujeto a reestructuraciones dramáticas. Belton logra penetrar en estos laberintos de poder para desentrañar la historia de cómo el legado de la KGB (actual FSB) -la infame agencia de seguridad de la URSS- dejó su impronta en la Rusia de Putin.
El episodio de Dresde, donde Putin sirvió como oficial de inteligencia del KGB, es particularmente revelador. Belton sugiere que, más allá de sus funciones oficiales, Putin pudo haber estado involucrado en operaciones más oscuras, incluida una posible conexión con la banda Baader-Meinhof. Esta hipótesis, aunque es objeto de debate y especulación, arroja luz sobre la posible amplitud y profundidad de las operaciones de inteligencia y las redes con las que Putin pudo haber interactuado durante los estertores de la URSS.
La consolidación del poder por parte de los «silovíks», o aquellos con antecedentes en el KGB cercanos al presidente ruso, es un fenómeno que Belton destaca con particular insistencia. Su dominio en sectores clave, desde el petróleo hasta los medios de comunicación, no es una coincidencia, sino el resultado de un diseño meticuloso para garantizar una Rusia que funcione según su visión y bajo su control, con la similitud y con el esplendor del impero zarista cuyo lema, «nacionalismo», «ortodoxia» y «autocracia» no pasa desapercibido en la Rusia actual.
Empleando una combinación de tácticas legales y presiones políticas, los «silovíks» comenzaron a hacerse con el control de las empresas más relevantes. El episodio más emblemático de este proceso fue el caso Yukos. Mijaíl Jodorkovski, su propietario, una vez el hombre más rico de Rusia, fue arrestado y encarcelado por cargos de fraude y evasión fiscal. Tras su arresto, los activos de Yukos fueron adquiridos en gran medida por Rosneft, una empresa estatal de petróleo. Este evento sirvió como un claro mensaje para otros oligarcas: el Kremlin no toleraría desafíos a su autoridad, especialmente en sectores tan estratégicos. Con el tiempo, empresas como Gazprom y Rosneft no solo se convirtieron en gigantes del sector energético, sino también en herramientas de política exterior del Kremlin. Estas empresas, ahora bajo control directo o indirecto de los «silovíks», se utilizarían para crear alianzas y fortalecer la posición de Rusia en el tablero geopolítico global.
A medida que Belton ahonda en la complejidad de la red de poder de Putin, también resalta cómo esta red ha llegado a interactuar con occidente. La guerra de información en las redes sociales, los ciberataques y la manipulación geopolítica son todas tácticas empleadas en un juego de ajedrez global donde las apuestas no podrían ser más altas y en ocasiones fatales.
La polarización en torno a Belton por su obra refleja la misma polarización en torno a la figura de Putin y el papel de Rusia en el mundo moderno. Mientras algunos ven a Putin como un autócrata que ha deteriorado la democracia y reprimido a la oposición, otros lo ven como un líder fuerte que ha devuelto la estabilidad y el respeto a Rusia en el escenario mundial.
El mérito del libro de Belton está no sólo en su investigación meticulosa, sino también en su valentía al enfrentarse a un tema tan delicado. En un mundo donde la información puede ser fácilmente manipuladas, es importante que los periodistas y autores se atrevan a desafiar las versiones oficiales y buscar la verdad detrás de las fachadas.
Editorial Ediciones Península
Edición 1ª ed. (27/04/2022)
Páginas 880
ISBN 9788411000697
ISBN-10 8411000699




Deja un comentario